¡Hola, outsider! Esta semana voy a ser directo.
Hoy tocaban 1.900 metros. Y los he hecho, pero en dos bloques, el primero antes de dejar a los críos en el cole, el segundo antes de una reunión de padres.
Así está el reto a día 19.
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Cuando el reto cambia de escala
Hay un momento en todo reto progresivo en el que deja de caber solo en tu día.
Al principio es fácil: 100, 200, 300 metros. Un hueco entre compromisos, una salida corta, de vuelta antes de que nadie lo note. Pero llega un punto en el que los desniveles ya no encajan en los huecos. Ahora los huecos tienen que hacerse para los desniveles.
En el día 10 subí al San Donato por el kilómetro vertical. 1.000 metros, subida emblemática de la zona. Me levanté con las piernas ya quejándose. El cansancio ya no aparecía en la montaña, sino antes de salir de casa.
Y ahí mi hermano, con su mente práctica, me dijo algo que se me quedó: “Así no vas a llegar a ningún sitio.”
Tenía razón. Parcialmente.
Porque hay dos tipos de días en un reto así. Los días que nutren; un monte con historia, con paisaje, con algo que te da más que metros. Y los días prácticos; cumples el objetivo, no gastas más de lo necesario, llegas al día siguiente en condiciones.
Confundirlos es el error. Intentar que todos los días sean épicos te rompe. Intentar que todos sean puramente funcionales te vacía.
El día 19 en dos bloques, entre el cole y una reunión de padres, fue un día práctico. Y estaba bien que lo fuera.
👉 [Vídeo: Esto está cambiando de escala — Día 10, 1000m+]
La misma lógica que hay detrás de preparar una ruta larga
Gestionar el esfuerzo no es rendirse. Es exactamente lo que separa a quien llega al final de quien no.
En fastpacking pasa igual. La mayoría llega a su primera ruta de varios días habiendo entrenado fuerte las dos semanas anteriores, sin progresión, sin haber probado el sistema bajo fatiga acumulada. Y el segundo día es cuando todo se cae.
Lo que el reto me está enseñando de forma acelerada es que la progresión sostenible tiene reglas:
No subes más de lo que toca solo porque puedas. Cuando llegas al objetivo del día, paras. Combinas días exigentes con días de gestión.
Es la misma lógica del plan de 12 semanas: no se construye una base en dos semanas de intensidad. Se construye saliendo, acumulando, siendo práctico cuando toca y disfrutando cuando toca.
Si estás en un momento de poco tiempo, de salidas cortas, de ganas que no encuentran el hueco, cuéntalo dentro. Hay gente que entiende exactamente de qué hablas.
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